Tengo una novia que es telefonista de una línea caliente, pero más que salirle guarradas le salen autopsias. Que si me meto los dedos por aquí, que si me retuerzo los higadillos por allá... Yo mismo, cuando me acuesto con ella, tengo la sensación de estar sobre una mesa de operaciones. Y entonces me llega el gatillazo, claro.
Lo curioso del tema es que yo, cuando me miro al espejo, aún veo un cuerpo de quince años. El mío propio. Mi problema es que en un mismo espacio físico coexisten dos yos. O dos yoes. O como se diga. Uno de quince y otro de cuarenta y tantos. Y te juro que es un verdadero incordio. Igual que los putos perros, que si no puedes cuidarlos es mejor que prescindas de ellos, aunque te cueste.
Supongo que el cuerpo es una especie de solución habitacional por la que, al pasar los años, uno se encuentra más y más deshauciado.
Sin ir más lejos, ayer, en el bus, un señor calvo y con bigote intentó aprovecharse de mi chaval de quince. Todo iba bien, si exceptuamos que mi polla de cuarenta se negó a levantarse.
No sé si será una coincidencia.
De todas formas, ¿qué hay de malo en cortejar a un adolescente? En Japón, que saben mucho de esto, es normal que un hombre de negocios se beneficie a una cría a cambio de chuches. Ella se abre de piernas y su benefactor le paga la carrera. Ojo, he dicho carrera, no corrida. Carrera universitaria, se entiende.
A mí siempre me ha costado entender que hubiese gente empeñada en perseguir el placer de los otros. Jueces, policías, pedagogos, defensores del menor... La batalla entre el hedonismo y la barbarie se está perdiendo en esta época furiosa de derechos sociales. Vivimos en la dictadura de lo políticamente correcto. Los negros ya no son negros, sino subsaharianos, los saharianos, islamistas, los catalanes, tripartitos. Por eso yo estoy dispuesto, en fin, a dejarme follar, o sea, a dejar que te follen, sí, coño, a ti, al de los quince años.
Admito suscripciones.
A mi amiga Jezabel se le murió ayer su periquito. Como hacía una mañana muy perra, mi amiga decidió quedarse en casa y llamar al 112. ¿Hay algún humano infectado? le contestaron al otro lado de la línea. En Uganda murieron la semana pasada 432 niños por ingerir nada. O sea, de pura hambre. Lo leí en el periódico, pero lo olvidé enseguida porque en la televisión salió Badiola -el jefe de los veterinarios- diciendo que no comiésemos pollo. Por Dios, amigo, que Europa no es Asia. Ni África. Ni dios lo quiera. En 1997 se detectó el primer caso de H5N1 en el suroeste asiático. De eso hace ya siete años. El virus lleva, pues, siete años sin mutar. Es cierto que puede mutar mañana, pero no es menos cierto que podría hacerlo dentro de cincuenta años. Igual que una golondrina no hace verano, unos pocos casos de gripe aviar no hacen pandemia. La gripe aviar es un problema veterinario. Exclusivamente. Y en España, a fecha de hoy, no es ni siquiera un problema. Pero la OMS ha considerado conveniente dar la voz de alarma (que no de alerta). ¿Por qué? ¿Por qué en 2006 y no en 1999? Porque más del 60% de sus ingresos provienen de la industria farmaceútica a través de subvenciones y demás. Los fabricantes del tamiflú/tamivir se están frotando las manos, al igual que se las frotan los investigadores becados que viven de esto. Yo tenía un amigo médico que jamás daba un duro en las postulaciones contra el cáncer. 'Es que yo, señora, vivo de ello', decía muy campechano. Aquí hay mucha gente que vive de ello. Y se lleva la pasta calentita a base de acojonar al personal. ¿Quién se acuerda del aquel síndrome respiratorio asiático de hace unos años? Sí, hombre, aquel catarro que si venías en avión de Bangkok y se te ocurría estornudar al bajar la escalerilla, inmediatamente eras detenido por la Guardia Civil de Barajas. Por cierto, que el periquito de jezabel murió de viejo. y que mientras tú has estado leyendo esto, más de 40.000 personas se han infectado de SIDA en el continente africano. Y la OMS tan tranquila. Porque los negritos no tienen pasta para comprar retrovirales. Pero nosotros sí, y eso es lo que interesa. Vender medicamentos. Inútiles. Por cierto, eso me recuerda que debo comprar condones para celebrar lo del perico. Con Jezabel, ya sabes. El vivo al bollo y el ave al hoyo. Pues eso.
Los hombres sueñan con tener dioses, pero son los dioses los que tienen a los hombres y los obligan a ir de un lado para otro descabezando infieles y esas gaitas. Así, mientras unos nos desayunamos cada día -sin haber follado- con un par de donuts y un café con leche cortito de café, otros se postran de hinojos y salen luego a la calle dispuestos a quemar ikeas y restaurantes noruegos (¿pero hay alguien que, de verdad, conozca algún restaurante noruego?).
La Conferencia Islámica de Madrid ha sacado un documento en el que exigen respeto para su profeta. Creo que la Conferencia Islámica está formada por un grupo de barbudos subvencionados con dinero saudí para difundir entre los marroquíes que nos limpian los váteres la doctrina waabita (o como demonios se escriba). Por lo visto, en ese documento se lamentan de la intolerancia española. Quizá no saben, los pobres, que en Riad la práctica de cualquier otra religión que no sea la del profeta indibujable está terminantemente prohibida. Y cuando digo terminantemente no estoy aludiendo a una mera sanción administrativa. Si allí te empeñas en orar al dios de Benedicto puedes terminar. Terminar tus días. Literalmente. A mí, personalmente, no me parece mal que aquí, en España, dejemos a los moritos construir mezquitas, comer cordero halal y pegar a sus mujeres; lo que me disgusta es que yo en morilandia no pueda hacer lo mismo: atizarme un bocadillo de chorizo de mi pueblo si me viene en gana o comulgar con ruedas de molino.
La Casa común de Europa está ya hasta los topes. Imaginen una solución habitacional de 30 m2 en la que de repente hay que hacer un hueco a una decena más de inquilinos. Con la entrada de Mustafá y sus retoños ha habido que poner literas hasta en el pasillo. Pero el jodío moro no se conforma con éso: quiere que las literas del pasillo las ocupemos nosotros, los daneses, sin ir más lejos. Olé tus cojones de carnero. Con un par. Es lo malo de admitir viajeros estables. Al final siempre te cambian el bombín y se quedan con la llave. Y si no, al tiempo.
En fin, esto es una locura. Se lo dije el otro día a Jezabel mientras follábamos:
- Yo, si fuera presidente, crearía un batallón de mercenarios judíos para defender la marca hispánica. O sea, Ceuta, Melilla y Perejil.
- ¿Sabes lo que te digo? -Me respondió ella, entre mamada y mamada.- Que a mí Mahoma me pone.
- Que no es Mahoma, coño, que el de los ojos lánguidos es Mr. Bean. Mr. Bin Laden, of course.
- Bueno, pues sea quien sea, me pone.
Después no dijo nada más, pero por lo menos se tragó todo el semen, que para mí es como una comunión laica. Pero sin hostias.